04/02/2009
Por José Manuel Mójica Legarre
Quienes nos dedicamos a la tarea de escribir sabemos lo difícil que resulta pulir párrafos, corregir textos, buscar la palabra exacta para dar sentido a una oración gramatical y dar con la frase que permita a los lectores entender cuál es la idea exacta que deseamos comunicarles; pero es algo necesario para que nuestro trabajo sea publicable y podamos cobrar por ello. En mis manos tengo un ejemplar del libro `Historias y hechos acaecidos en el pueblo de Castiliscar a través de los tiempos´ y, esta publicación, aparte del valor intrínseco del volumen, tiene unos valores añadidos que merece la pena que sean resaltados.
En primer lugar debo puntualizar que la edición de este libro no ha contado con ninguna ayuda oficial por lo que, la factura de la imprenta, ha salido del bolsillo de su autor, un agricultor nacido en Castiliscar hace más setenta y tres años, cuyo único interés al redactar el texto ha sido el de dejar constancia de algunas anécdotas que ha recopilado a lo largo de su vida. En segundo lugar, hay que hacer constar el hecho de que es el primer libro que recoge un anecdotario sobre el pueblo de Castiliscar y, por último, señalar la enorme dosis de valor que ha derrochado este hombre para enfrentarse a la dura labor de escribir un libro de estas características.
Si ustedes van a Castiliscar y ven a `Chavarreta´, se encontraran con un hombre que camina con ayuda de un bastón, un cincovillés que lleva pintados en su rostro los mil soles veraniegos, y los mil hielos invernales, que abrasaron su piel mientras ejercía las labores del campo; su mano, cuando la estrecha con alguien, todavía conserva los callos que no son otra cosa que la huella perdurable del trabajo, duro y exigente, que supone intentar arrancarle a una tierra inclemente, a veces desagradecida, los frutos que tanto esfuerzo costaba cultivar; pero `Chavarreta´, para mí, tiene otra imagen que quiero compartir con todos ustedes. Cuando veo a Carlos, me vienen a la memoria imágenes de hace muchos años, en el trinquete, cualquier domingo por la tarde, con un `Chavarreta´ todavía ágil devolviendo `a buena´ pelotas imposibles o sacando `por debajo la garra´ el último tanto de un partido y, a veces, sólo a veces, se me hace muy difícil conciliar la imagen de este agricultor enamorado de la pelota, con la de una persona que se atreve, no sólo a escribir, sino a publicar.
Cada vez que muere un anciano, se cierra un libro que nunca podremos volver a leer; sin embargo, ni somos capaces de escuchar lo que nos cuentan, ni ponemos atención a sus consejos despreciando así una oportunidad que quizás no tengamos de nuevo. Carlos Leoz ha conseguido lo que muchos autores consagrados no logran a menudo: escribir un libro ameno, fácil de leer, que se devora de una sentada y que, al final, deja en la boca un regusto dulce, a buenos recuerdos, y en los labios una sonrisa cómplice. Si no me creen, búsquenlo, léanlo y verán que sí tengo razón.
Para terminar, les diré que yo tengo un ejemplar de este libro, firmado por el autor con letra insegura, y que, a la hora de colocarlo en una estantería, lo puse entre mi primer libro y un álbum de fotografías antiguas para que allí descanse hasta que mis ansias andarinas, me lleven a otros países, a nuevos horizontes; les puedo asegurar que, cuando inicie otro viaje, `Historias y hechos acaecidos en el pueblo de Castiliscar a través de los tiempos´, me acompañará en la maleta porque, cuando tenga añoranza de mi tierra, cuando sienta nostalgia de mi pueblo, sé que las anécdotas relatadas por Carlos Leoz me acercarán, por lo menos con la imaginación, al pueblo que me vio nacer.
En cuanto al trabajo impreso ¿qué quieren que les diga?, ¿que pueden encontrarse con algunos errores en la redacción e incluso alguna falta de ortografía?: Pues sí; pero estos son pequeños detalles que no enturbian en absoluto el contenido del texto y, en cualquier caso, nunca podrán empañar la admirable gesta de este agricultor que un día soñó con escribir un libro.
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